La felicidad suele ser gratis, pero a veces tiene su precio.

Tengo ganas de comprarme un iPad, la verdad me gustaría tenerlo para tomar fotografías de los lugares que visito, poder editarlas y subirlas directamente al blog sin necesidad de tener mi laptop 😮

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Foto: Cosas Chivas

Quisiera comprar un reloj inteligente, para controlar mi música mientras manejo y así enterarme de Facebook cuando no quiero utilizar mi teléfono; ¿Qué tal si compro un MP3 a prueba de agua y arena para utilizarlo mientras visito la Playa El Tunco?

Ahora, más que antes, tenemos dispositivos que nos ayudan a calmar nuestra ansiedad por las necesidades creadas; sé que estaría diciendo lo mismo hace 30 años con la revolución de la televisión. Es decir, estamos tan afanados en poder tranquilizar nuestras ganas de más por cosas que no necesitamos, al grado de pensar que seremos felices al tener todo y al final solo ocuparán un espacio en la casa.

¿Entonces qué diablos es la felicidad? No sé, creo que todos tenemos un concepto distinto para definir ese término y posiblemente la de muchos dependerá de otra persona ¿De otra persona? Sí, para poder ir al cine, caminar en el parque, ir a cenar juntos a un restaurante y esos momentos que muchos anhelan para sentirse plenos y está bien.

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Foto: Miss Bambi

¿Eso quiere decir que la felicidad tiene precio? Sí, muchas veces depende de una cantidad altísima de dinero y algunas de un par de centavos. Cuando trabajas para comprar momentos, llenarte de experiencias e historias para tu vida, entonces todo cambia, ya que esos detalles que no son materiales te ayudarán a sentirte pleno para toda tu vida y posiblemente te acuerdes solo de las cosas positivas que viviste mientras estés en tu último respiro.

Entonces, pensá bien si de verdad necesitas comprar ese teléfono de $800 dólares o si utilizás ese dinero para comprar un boleto aéreo para visitar el país que siempre has querido conocer.

¿Cuál eliges?

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